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España, a punto de descender a la tercera división del biogás

Las malas políticas en renovables en España ya se empiezan a notar. De ser una potencia mundial en tecnología estamos empezando a ser superados por varios países.

Con Italia a las puertas de aprobar un decreto ley de apoyo a la biomasa y el biogás, y las tarifas establecidas en países del este de Europa, como Rumania, Croacia o Bulgaria, España queda apeada de los Estados de la segunda división del biogás y cada vez más alejada de los de la primera: Alemania, Austria y Holanda. Aunque ha ido perdiendo puntos a lo largo de toda la temporada, el real decreto ley 1/2012 ha acabado por mandar al biogás español a la tercera división.

Promotores de plantas de biogás, ganaderos y agricultores interesados en su desarrollo, centros de investigación y la Asociación Española de Biogás (Aebig) ven con sana envidia cómo Italia aprobará en breve un decreto cuya finalidad es apoyar la producción de electricidad procedente de fuentes renovables mediante el establecimiento de un sistema eficiente y estable de incentivos con “disposiciones específicas para las plantas alimentadas con biomasa, biogás y biolíquidos sostenibles”. En la práctica, esto supone que tanto las plantas de biogás como las de biomasa tendrán un incremento especial de entre 10 y 40 euros/MWh sobre la tarifa incentivada, según la procedencia de los sustratos y biocombustibles.

“La cuestión es que toda Europa actualmente está apostando por el biogás, no tanto como un subsidio renovable, sino como una apoyo al sector primario. Aunque añoremos el pasado RD 661/07, sus tarifas, 135 €/MWh para plantas menores de 500 KW y 100 €/MWh para más de 500 KW, ya eran las más bajas de Europa, pero no en comparación con Alemania, Holanda o Austria, la primera división, donde ya sabemos que hay una implantación masiva del biogás, sino en comparación con prácticamente cualquier otro país europeo”. Luís Puchades, director de Ludan Renewable Energy España y vocal de Aebig, relata este panorama mientras repasa la remuneración del MWh en otros países.

Pero mientras en otros países se convierten los purines de las granjas en energía barata y renovable, aquí se convierte en un desecho de excrementos muy contaminante y tóxico, sin ningún valor añadido.

Croacia, Rumanía, Bulgaria, Serbia… todos por delante de España
Nada que hablar sobre Alemania, donde más de 5.000 plantas y unas primas que sobrepasan en un 50% a las españolas, convierten su sistema en algo inalcanzable para España. Sin embargo, el sector considera que sí debería haber más parecidos con Croacia, donde se perciben 184,5 €/MWh para plantas hasta 1 MW y 160 €/MWh para las de más de 1 MW; con Rumanía, donde, según certificados y bonos, se pueden alcanzar los 208 €/MWh; con Bulgaria, donde varía entre 171,4 y 221 €/MWh; o con Serbia, que tiene un mínimo de 142,2 €/MWh y máximos de 160 €/MWh.

Pero la gota que ha colmado el vaso es la propuesta de decreto de Italia, en especial si se compara con el parón en España. En él se establece un régimen de tarifas durante veinte años que varía según la potencia instalada (cinco baremos que van de menos de 300 kW a más de 5 MW) y según el tipo de sustrato utilizado (baremos según sean cultivos energéticos o residuos de diferente procedencia). Un sistema muy similar se establece también para la biomasa. Así, hay plantas de biogás que partiendo de una tarifa incentivada de 180 €/MWh pueden conseguir 40 €/MWh adicionales; y otras con 236 €/MWh que optan a 10 €/MWh más. Las primas menores (entre 95 y 135 €/MWh) corresponden a plantas de más de 1 MW. Según Luís Puchades, “en todos estos países sí se dan cuenta que apoyar la bioenergía a pequeña escala tiene un enorme efecto multiplicador sobre la agricultura, la ganadería y la industria agroalimentaria, sectores que España no puede dejar de lado en estas circunstancias, en inferioridad de condiciones respecto al resto de Europa”.

El peso de las eléctricas como siempre dificulta enormemente el desarrollo de las renovables en España a nivel particular y descentralizado.

Como siempre desde ESI-SL recordamos que en Alemania más del 50% de la energía renovable instalada está en manos de los ciudadanos, algo impensable aquí por el lobby eléctrico.

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